La inolvidable noche con el ‘Tigre’ Laguna

Por Nicolás Espinosa Serrano
(hablemosdeportes2.0@gmail.com)

 

Isaac Kresh y su pupilo Ismael Laguna, pocos días antes de su primer pleito con Carlos Ortiz en Panamá.

El bullicio era ensordecedor en el Estadio Nacional, del populoso barrio capitalino de Curundú, ese sábado 10 de abril de 1965. 

Las filas para poder acceder a las diferentes entradas al coliseo eran enormes. Una se dirigía a las gradas populares, otra a las gradas de metal (bleachers), que estaban mucho más cerca del cuadrilátero; y la tercera, a las sillas de terreno. 

“Era un lleno de feria”, nos dijo un amigo. 

“Recuerdo que las emisoras tenían ambientado el panorama, y le recomendaban a las personas que fueran desde muy temprano para evitar las aglomeraciones, pero qué va hermano, cerca de la entrada no se podía con la gente”, nos detalló ‘Compay Segundo’. 

A propósito, ahora que reflexiono, no recuerdo por qué le decían así. Sé que era el seudónimo de un excelso músico cubano de otrora, pero este amigo colonense, que supiera, ni era músico ni mucho menos que tuviera raíces cubanas.  

Un detalle. Esta específica remembranza la saqué de mis archivos. Una vez me senté en una de las bancas del parque de la calle 6 y avenida Central de mi querido Colón, en el Paseo del Centenario, y conversé largo y tendido con mi interlocutor sobre el particular. 

Una de mis aficiones era sentarme en el parque, de la calle 6 o de la calle 2, (cerca de mi casa) y conversar con los señores mayores, aquellos a quienes su inteligencia y perspicacia surgía con cada detalle de sus interminables historias. 

Fue en una de esas incursiones en que conocí al menta’o ‘Compay’ y a Francisco ‘Lengüita’ Brown, considerado uno de los colonenses más notables en la historia de la instrucción del baloncesto. 

Ilustración con plumilla del colonense Ismael Laguna, hecho por el arquitecto Luis Castañeda.

Pero, esa es otra historia para otro momento, por lo que vuelvo a la narrativa de mi amigo. 

“La gente de Colón fue en buses o en tren a la capital. Hey, y una cosa, bien vestidos. Tú sabes cómo somos nosotros”, inquirió ‘Compay’. 

“La idea era encontrarme en la entrada con un compadre que tenía en la capital, pero nos vimos cuando estaba empezando la cartilla, porque no pude entrar antes”, recordó. 

Podía afirmarse que el pleito de esa noche, hoy hace 56 años, entre el panameño Ismael Laguna y el puertorriqueño Carlos Ortiz, por el título mundial ligero, era el acontecimiento de la década. 

Era la primera vez que un panameño disputaba un cetro mundial de boxeo en el patio y lo hacía con tremendas opciones de ganarlo, porque Ismael era el púgil que mejor representaba el clásico boxeo istmeño. 

Y, al decir de los conocedores de esta actividad, Laguna no era bueno sino simplemente “extraordinario”. 

NI EL CLÁSICO ALFILER 

“No cabía ni el clásico alfiler”, así resumió el veterano cronista colonense Marco ‘Ponchas’ Mendoza, el lleno que se registró esa noche en el Estadio Olímpico. 

Mendoza era el corresponsal deportivo del diario La Hora en Colón y había cubierto para ellos, cada fecha de entrenamiento de ‘El Tigre’ en la Costa Atlántica. 

“Mi idea al llegar al estadio fue la de entrar y buscar la manera de estar lo más cerca del cuadrilátero, pero tenía un problema, mi boleto era de las gradas, del gallinero pues”, señaló. 

“Estaba cavilando sobre la situación, cuando me saludó el ex alcalde Colón, Luis Ortiz, y me preguntó qué hacía; le hablé sobre mi disyuntiva, y me dijo: ‘Toma este boleto y entra al área de los bleachers, ve tu pelea tranquilo’. Te digo que ese hombre me cayó del cielo”, añadió. 

Ilustración con plumilla del colonense Ismael Laguna, hecho por el arquitecto Luis Castañeda.


“Al entrar me percaté que era un lleno completo. El ring estaba casi dónde normalmente se ubicaba el montículo, las sillas de terreno a su alrededor y los bleachers, un poco más atrás”, explicó. 

Muy cerca del cuadrilátero estaba la dupla de narradores Arquímedes ‘Fat’ Fernández y Tommy Cupas, quienes transmitían para el circuito RPC, y Demetrio Romero Wong y Celso Contreras que lo hacían para Ondas Istmeñas, de la HONZ. 

CON LAGUNA, HASTA LA LUNA

Esa noche también estuvo presente el periodista Alberto ‘Beto’ Henríquez, quien nos recordó ese momento. “Te cuento Nico que como premio a mis buenas notas, mi abuelo Miguel Ángel Ortega, me llevó a esa pelea”. 

“Tomamos un taxi y nos bajamos en la esquina del legendario MonMatre, para una parada técnica de mi abuelo. A esa hora, esa vía que iba para el estadio era un carnaval”, revivió Henríquez. 

“Había un ambiente de fiesta como nunca. (Habían) muchos con letreros y mensajes de aliento al ‘Tigre’. Me llamó mucho la atención uno q decía: “Con Laguna hasta la luna”, dijo. 

En las graderías donde yo estaba era pueblo de verdad. Gente del Marañón, como nosotros, El Chorrillo, Santa Ana y por supuesto de Colón. Nunca vi apuestas, era obvio. Nadie iría en contra del Tigre”, apuntó. 

Henríquez, periodista al fin, nos ilustra un poco como fue el pleito. “La pelea fue pareja, pero coreábamos los jabs de Laguna: 1-2-3-4-5 a la cara de Ortiz. Admiraba su baile, su habilidad para pasar golpes y contragolpear”, concluyó. 

He dejado para el final de esta crónica, la explicación que me hizo ‘Compay Segundo’ sobre la entrada de Laguna y Ortiz al cuadrilátero. 

“Aquella noche, Ismael, acompañado del ‘Curro’ Dosman, vestía una bata blanca y nada más subir, comenzó una danza solitaria en el centro del ring, soltaba golpes a un rival imaginario”, mientras todos aplaudíamos y algunos coreaban sus movimientos. 

La entrada del campeón fue mucho más pausada. Ortiz vestía una bata negra, si acaso dio unos cuantos saltitos. Parecía que no quería desgastarse”. matizó. 

“En ese momento ocurrió algo extraño. Le iba a comentar algo a mi compadre, y cuando lo miro, veo que se está tocando los ojos. ¿Te pasa algo’, le pregunté, y me dijo que no, pero no me sostuvo la mirada”, detalló. 

“A su lado, habían dos doñitas que me parecía conocerlas de Colón y estaban llorando. Pensé que algo estaba pasando, pero después me di cuenta que si lloraban, pero de la emoción. Creo que esa noche a mi compa se le pegó esa vaina”, dijo. 

Como me diría el colega ‘Beto’ Henríquez: “Fue una noche mágica”.

 

 

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