Ismael Laguna derrochó confianza para pleito titular

Por Nicolás Espinosa Serrano
(hablemosdeportes2.0@gmail.com)

 

El 'Tigre' de Colón, Ismael Laguna.

 

Los entrenadores ‘Curro’ Dosman y ‘Cuco’ Rodríguez habían puesto un cerco, casi tan grande como el muro de Berlín, entre el champ y los fanáticos, periodistas y vidajenas. 

La pelea entre el pupilo Ismael Laguna y el puertorriqueño Carlos Ortiz era un hecho y no había que distraerse en nada, máxime cuando la máxima figura del boxeo istmeño de todos los tiempos, buscaba coronar un sueño anhelado. 

Este sábado 10 se cumplen 56 años de la conquista del título mundial ligero por el colonense Ismael Laguna, y busco con este artículo y con los dos anteriores y, con el de mañana, abonar un poco en la chueca bibliografía que existe actualmente del boxeo istmeño. 

Pero, sigamos nuestro relato.  

“Es que era insoportable”, me dijo un amigo a quien consulté sobre los días previos al choque.

“No te podría asegurar cuántas veces cambió don Isacc (Kresh) de lugar de entrenamiento, tal vez siempre fue la Arena de Colón, lo cierto es que había mucha gente atenta a los trabajos del ‘Tigre’ y eso inquietaba al equipo”, agregó. 

Es cierto, el ambiente era de locos. Literalmente, nuestro mundo del boxeo estaba paralizado, concentrado. El ruido ensordecedor que se registraba en los gimnasios locales durante todos esos días previos, se había multiplicado y esparcido en todas las esquinas de la pequeña ciudad de Colón. 

“No era para menos. Una cosa es que te lo diga ahora y otra es que lo hubieras vivido, como lo hicimos muchos en el barrio y en las esquinas”, destacó. 

Es cierto que existía ese cerco, pero no para la prensa. Inmortales de la pluma como Alfonso Castillo y Francisco ‘Papi’ Méndez, por la editora que publicaba los periódicos Panamá América y Crítica; y Ricardo A. Pardo (Ripardo), por La Estrella de Panamá, tenían paso expedito. 

Fue de uno de ellos, del maestro Ripardo, que publicamos hoy un extracto de la entrevista que le hiciera a Ismael en la Arena de Colón. 

Estaban a escasas horas de que se diera el campanazo y los parroquianos, principalmente, los que vivían en la capital y en el interior de la República, solo se informaban con los escritos de estos y otros esforzados cronistas de la época. 

Veamos lo que escribió el maestro. 

“En unión del estimado amigo Alfonso ‘Mono’ Pérez viajamos a la ciudad de Colón en la tarde de ayer, con el objeto de entrevistar al boxeador Ismael Laguna”. 

“Llegamos a tiempo a la Arena de Colón, cuando el ‘tigrillo’ hacía guantes con Roberto Javier, un peso mínimo, en busca de vista y ligereza. Laguna hizo cuatro asaltos de guantes y ejercicios de calistenia, saltando además la soga”. 

“Le vimos rápido y en muy buenas condiciones. Estaban en la Arena, Al Braverman, asistente de Bill Daly, y el periodista Mark Kram, de la revista Time Life, quienes siguieron atentos el desarrollo del entrenamiento de Ismael Laguna”. 

Un paréntesis. Esta publicación hecha por don Ripardo no llevó preguntas, ya que la intención era ahorrar espacio y que el teclado de la máquina, no sé si Olivetti (con la que aprendí a escribir) u Olympia (que utilicé en mis años mozos en el INDE), expresara en su máxima expresión, el derroche de confianza que se veía en el ‘Tigre’ colonense. 

“Me siento en magníficas condiciones. He entrenado con el mayor esmero y tengo absoluta confianza de que voy a ganar el campeonato mundial”, destacó Laguna.

“Desde que me inicié en el boxeo ha sido mi deseo y mi sueño darle a Panamá otro campeonato mundial. Digo más, desde que ingresé a la clasificación mundial esa fue y sigue siendo mi aspiración”, añadió. 

Más adelante, el estelar morocho expresó: “Todas las peleas son duras y siempre he reconocido los méritos de mis contrarios. Haré todo lo que esté a mi alcance para vencer a Ortiz, con la fe que tengo en mis habilidades y en Jesús de Nazareno, santo del cual soy devoto y a él me encomiendo”. 

“No puedo o mejor dicho no sé si le ganaré al campeón por decisión o por nocaut, pero tengo especial interés en triunfar. Nunca peleo para ganar por nocaut. Me preparo para ir al límite del encuentro. Quiero triunfar para, en esa forma, cumplir con una deuda que tengo pendiente con la afición y con mi patria”, aseveró Laguna. 

Agregó después: 

“Sé que Carlos Ortiz es el campeón, digno y meritorio, aguerrido y pegador fuerte, pero todo eso lo tengo previsto para cuando me vea cara a cara con él. A la afición, solo le pido confianza. Que tenga fe y que guarde sus entusiasmos para después de la victoria”. 

No creo que haya que añadir mucho más. 

Esa noche, las estrellas se alinearon para saludar al nuevo campeón del mundo. “Fue una noche grande, donde no solo Panamá se vistió de gloria sino el mismo boxeo, por la exquisitez de Laguna, su danza, su elasticidad y sus laterales”. 

Fue una noche anecdótica para todos, sobre todo para el hijo de la calle Cuarta, aquel que hizo la promesa que no importara en qué fecha se efectuara el pleito, porque ese día se coronaría, sin ningún tipo de duda, campeón del mundo, para felicidad de él, de su familia y de su patria.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Wanelge Castillo, el perenne ganador en la lucha olímpica

La pasión por la esgrima y la medicina de Yesika Jiménez

NARCISO ORÁN Y SU SUEÑO DE UNA ESCUELA DE PESAS EN GUNA YALA